Viajar a Menorca: 5 razones para hacer el plan que nunca falla

No se si verano es sinónimo a playa pero no me negaréis que es plan que más le entra a una al cuerpo cuando las temperaturas suben a límites insospechables, el ventilador sólo actúa como orquesta y tu alimentación acepta poco más que gazpacho, cerveza, sandía y/o melón. Sí, soy de las que adora viajar todo el año para descubrir mundo, pero que en verano me va más descubrir el mar. Desconectar. Descansar. Relax. Pero de esto último, en su medida, porque si tienes el gen wanderlust y sientes pasión por viajar, tú lo que quieres es que siempre haya un poco de aventura. Y eso, amigos, lo podéis encontrar en un viaje sorpresa Waynabox o bien disfrutando de un viaje a Menorca, la mediana de las Islas Baleares que no deja a nadie indiferente. ¿Necesitas razones para creerme?

1) Un paraíso a la vuelta de la esquina. Bueno, vale, más bien dicho a 228km, traducidos en 18 minutos desde Barcelona en avión, o 666km desde Madrid que son 48 minutos de vuelo o bien si optas por barco 8h desde el Puerto de Barcelona y 3h desde el de Valencia. En suma: a tiro de piedra si lo comparamos con el tiempo invertido si optas por paraísos de revista tipo Bora Bora (Polinesia Francesa), Ihuru (Maldivas) o La Dique (Seychelles). ¿Lo mejor de su cercanía? Que no sólo ahorras en horas de vuelo sino también ahorras dinero. Volar a Menorca es barato y pasar una semana allí también. Por ejemplo, puedes viajar a Menorca 5 días con Waynabox desde sólo 350€ por persona, con vuelos de ida y vuelta y dos noches de alojamiento incluido.

2) Escapada relax o viaje de aventura: una isla para todos los gustos. Si lo que buscas es un plan de playa de desconexión y dolce far niente, ¡estás en tu sitio! Busca alojamiento en un pueblo de pescadores tranquilo como Binibeca Vell o Es Castell y pasa los días tostándote en alguna de sus bellísimas calas, comiendo y bebiendo como un marajá, paseando por callejuelas y disfrutando de una idílica puesta de sol en locales molones como el Hola Ola Mediterranean Beach (Cala Blanca, Ciutadella) o el Isabella Beach Club (Fornells, Es Mercadal). ¿Eres más de acción? Entonces alójate en Ciutadella o Maó y marca tu ruta talayótica descubriendo los vestigios de la primera civilización de la isla a través de yacimientos como la Naveta des Tudons, alquila una bici o cálzate tus zapatillas de trekking y recorre los 185km de Camí de Cavalls que da la vuelta a toda la isla descubriendo una variedad geológica y paisajística única o bien conoce la isla sobre un todoterreno en una emocionante excursión Jeep Safari muy original.

3) De las mejores playas del Mediterráneo… o casi. Pequeñas, salvajes y de agua cristalina. Y lo mejor es que no son todas iguales. Si vas al sur, descubrirás las famosas calas de arena blanca y fina y agua turquesa, como las archifamosas Cala Macarella y Cala Macarelleta, aunque como para gustos, colores, yo os recomiendo Cala Turqueta y Cala Talaier. Y, si vas al norte, un paisaje totalmente distinto: calas y playas de arena rojiza y agua tan translúcida como azul intenso. ¿Mi favorita? Cala Pregonda, a la que volvería una y otra vez. Por aquí son famosos los baños de barro debido a la característica roca rojiza que predomina la zona: ¡un tratamiento de spa a coste cero! Si te animas, acércate a Playa Cavalleria, Cala Pilar o Playa Algaiarens. Prepárate, llegar a las calas vírgenes de Menorca supone… ¡patear! De media, unos 30-40 minutos desde el aparcamiento. Ideal para hacer un poco de ejercicio y compensar el aperitivo que te tomarás al montar tu campamento base en la arena. Nota: el buen dominguero playero siempre lleva nevera con agua, cervezas, aceitunas y patatas.

Cala Macarelleta

Cala Macarelleta, hermana pequeña de Cala Macarella, más virgen y bonita

Camino a Cala Pregonda

De Binimel·là a Playa Menorca hay 40 minutos de trayecto por un terreno… muy Marte

4) Un viaje gastronómico con comida de lujo. Los amantes del pescado y del marisco lo tienen bien: si hay algo que caracteriza a la gastronomía isleña, eso es, sin duda, todo lo que viene del mar. Y en Menorca, eso no falta. Pero aún hay más: la histórica colonización inglesa y francesa introdujeron muchas recetas e ingredientes a la isla y la posterior conquista española -hasta la fecha- le confiere una gran cercanía con la cultura culinaria peninsular. ¿Resultado? Una gastronomía tintada de lo mejorcito de sus alrededores. Así, ¿qué tenemos?

El plato estrella de la isla es la Caldereta de Langosta debido al éxito que tiene la Langosta de Fornells. Si puedes permitírtelo, acércate a Es Cranc, en Fornells, y deja que tu sentido gustativo muera de placer. Para los fanáticos del marisco, imprescindible una visita en El Pescaito en Binibeca Vell, donde podrás disfrutar de una deliciosa mariscada sin dejarte un riñón. Algo tan autóctono como delicioso es el queso y el vino -¡ah! ¡qué felicidad!- y para ello te animamos primero a que realices una visita en las Bodegas Binifadet, producción 100% menorquina, que concluirás con una buena cata de 3 vinos (a precio súper económico) antes de terminar la velada en Na Rosa, en Binibeca Nou, donde cenar a base de quesos y patés, todo regado con un buen vino, y con la mejor Tarta de Limón Casera que, sin hiperbolizar, es la mejor que he probado jamás. Si buscas el clásico “lujo de la última noche” acércate a El Trébol, en Es Castell. Y si eres de los que apunta a “el típico buen restaurante que sólo conocen los locales”, no puedes perderte El hogar del pollo en Ciutadella, donde las tapas de marisco -¡ojo con las zamburiñas!-.

5) Escenarios y puestas de sol… de efecto wow. Si hay algo que me atrajo de Menorca, después de recorrer la isla de arriba abajo, es que mires donde mires, todo te obliga a hacer wow… ya sacar tu móvil, tomar una foto y subirla a Instagram. Y volverte muy pesada en Instagram. ¡Pero es que todo es tan bonito! Es acercarte al Far de Favàritx y ver las olas romper en las rocas y wow. Es dirigirte a Punta Nati y desviarte hacia el Pont d’en Gil y wow. O cruzar la Me-1 de Ciutadella a Maón y encontrar a lo lejos de la carretera una roca con cara de indio y wow. Y patear los caminos de ronda entre calas y mirar al horizonte y wow. O acercarte a la legendaria Cova de’n Xoroi para ver la puesta de sol -y darte cuenta de que no se ve ponerse el sol pero el sitio merece la pena- y wow. Y entonces terminar en el Cap de Cavalleria y sí flipar con su puesta de sol con un gran wow -aunque, para mí, la mejor fue en el Hola Ola Beach Club-. O terminar subiendo al Monte Toro, punto más alto de isla, para vislumbrar toda Menorca desde su cima. Wow.

Binibeca Vell

Hey, ésta soy yo en el Far de Favàritx

Volvería ahora mismo, su supiera teletransportarme desde mi asiento en Waynabox hasta Menorca. Por ahora, aún no he desarrollado del todo ese superpoder así que solo me queda limitarme a evocar mis recuerdos. O a repasar las 230749750 fotos que saqué con mi smartphone. Eso sí se me da bien. Como posturear. Así que os invito a hacerlo por mi Instagram si os aburrís un rato. Igual que también os invito a pasaros por Waynabox y ver lo fácil (y barato) que es reservar un viaje sorpresa y lanzarte a la aventura.

Pies y maleta en el aeropuerto

Todo lo bueno se acaba…

¿Te vienes?

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